El godinato es difícil.

Cualquiera que haya probado las deliciosas mieles de subirse al metro a las 8 para llegar en un estado bastante incómodo a su oficina a las 9, lo puede constatar. Y debo recalcar que son pocos los momentos en los que un Godínez puede estirar las piernas y liberarse un poco de esas cadenas que suponen las juntas interminables y la falta de visión de un jefe totalitarista; uno de esos momentos sucede el viernes saliendo de la oficina, cuando puede ir con sus amigos al bar de confianza a escuchar esas rolas que le recuerdan tiempos mejores, placer que sólo puede aderezarse con unas buenas chelas.

Esos Godínez no van a ir a la tocada del Cosa Nostra (o a cualquier bar) para descubrir nuevas bandas, a menos que sean nuevas bandas de covers de la ola del Rock en tu idioma.

Muchos están en contra de los covers, pero gracias a ellos hoy hay considerable cantidad de artistas vigentes, no sólo en la escena del rock, sino hasta aquellos provenientes de Bellas Artes, el Conservatorio Nacional de Música y la UNAM. ¿No me creen? Si hoy recordamos a autores como Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven o Frédéric Chopin es porque músicos, solistas y orquestas de dichas instituciones siguen recurriendo a sus melodías. ¿Van a decir que estos no son covers?

Así como pasa con las de rock y metal, estas versiones de los clásicos responden a la demanda de un mercado impresionantemente amplio, y es gracias a ellos que los artistas que las interpretan (como Horacio Franco) son famosos.

La importancia del cover radica precisamente en eso, en su demanda, en esa necesidad que el ser humano tiene por recordar, retomar y representar; y puesto que es una petición implícita que  hay que cubrir, es una fuente de trabajo. Por otro lado, si tienes un proyecto original, una buena adaptación (o versión) puede añadir punch a tu carrera y a tus presentaciones en vivo.

Pónganse a pensar… ¿hubo algún momento en la historia, a partir del nacimiento de la música, en el que no existieran versiones? Hablando específicamente del metal, quizá sí. Pero hoy en día, con limitados mercados y posibilidades, no podemos esperar a que las cosas funcionen igual que entonces.

Dejemos de ver al cover y a las agrupaciones que se dedican a hacerlo, como algo malo. También hay un mercado amplio que busca conocer actos nuevos y es más importante preocuparse por estar presente entre sus opciones, no sólo de manera física, sino digital; porque muchos, como yo, también descubren música a través de Spotify.