Death Angel Humanicide

La muerte de Paco Stanley tuvo tal efecto en la sociedad mexicana que, hasta la fecha, millones recuerdan lo que hacían cuando dieron la noticia de su fallecimiento. Vinnie Paul ha tenido un impacto similar en el mundo del metal internacional -excepto que de él se tienen buenos recuerdos- y casi puedo apostar a que una cantidad similar aludirá qué hacía el 22 de junio de 2018, la noche en que se enteró de que el vaquero mayor había perecido.

Uno de los mejores recuerdos que albergo en mi historia es de un Halloween hace aproximadamente 6 años. Mi mejor amiga y yo llegamos disfrazadas de Dimebag Darrell y Vinnie Paul, respectivamente a la casa de nuestros amigos, los Vulgar Addiction, con quienes celebro, hasta la fecha, cada festejo de ese tipo y quienes son grandes fans de Pantera también.

Foto de su servidora maquillada como Vinnie Paul

 

El viernes pasado desperté -sí, desperté en la noche- con muchas notificaciones de Facebook y WhatsApp. Me bastó con ver una, la de mi mejor amigo, Rodrigo. ‘¿Supiste lo de Vinnie Paul?’, me preguntó. Pensé que quizá se habría enfermado o habría tenido un accidente. Otro mensaje, de mi amigo Fer, me confirmó que había muerto.

No quería ver las demás. Algunos mensajes eran de sorpresa, otros eran de duda -y luego de confirmación-, pero todos acompañados de un ‘lo siento’, o de un ‘lamento tu pérdida’, como si se tratara del fallecimiento de un familiar cercano a mí. Incluso personas con las que rara vez cruzo palabra me ofrecían sus condolencias.

Nunca he podido ocultar mi fanatismo por Pantera, especialmente por Vinnie Paul. Y menos después de que tuve la oportunidad de conocerle y platicar con él, aunque fuera unos minutos. Jamás pensé que lo conocería, nunca planeé lo que le diría. Así que, el día que lo tuve en frente, afuera del Meridien la última vez que vino Hellyeah, hice lo que cualquier fan cuerdo haría, decirle ‘creo que eres mi padre’ y mostrarle la primer foto que ilustra este texto. Probablemente me dio el avión al estilo texano, sólo recuerdo que sonrió y vociferó ‘Hey, gotta love it!’. Luego, dibujó su firma en mi brazo e hice lo que cualquier fan cuerdo haría, me la tatué.

Cuando pude asimilar la noticia, lloré. La última vez que lloré por la muerte de algún ídolo, fue en julio del año pasado, cuando se nos fue Chester Bennington. Su muerte me dolió especialmente porque se trató de suicidio. Pero Vinnie Paul no se había suicidado. Para entonces, sólo se sabía que había muerto mientras dormía.

Lloré y noté cierto enojo en mí. Quizá era negación. No quería admitir que Vinnie Paul se hubiera muerto y la idea de enfrentarme a un mundo en el que mi héroe no existiera me parecía simplemente desoladora. Que Vinnie siguiera vivo, además, mantenía la esperanza de que Pantera alguna vez se reuniera. Aunque muchos en el fondo sabíamos que aquello no era posible, no nos resignábamos a apagar esa luz.

Luego leí todo lo que sus amistades y conocidos estaban publicando sobre él en Facebook, Twitter e Instagram y entendí que quizá ya era su momento de morir, después de todo. Ya había dejado un legado en la música, con ese groove único y casi patentado que lo caracterizaba; en el mundo del entretenimiento, con todos esos clubes nocturnos y su disquera; y ya había sido un ejemplo para los músicos a quienes prácticamente apadrinó durante su carrera.

Sí, aunque duela tenemos que aceptar que Vinnie Paul probablemente ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Llegó su momento de reunirse con su hermano y con las viejas glorias de Pantera en esa dimensión que sólo los guerreros como ellos, Lemmy o Bowie llegan a conocer. Juntó ya todos los requisitos para ganarse el pase VIP a ese mágico lounge en el que ahora seguro se echa un delicioso jam y un Jäger con sus camaradas.

Todo esto, aunque parezca difícil, tiene que bastarnos para aceptar que se nos fue un grande, pero podemos seguir. La muerte de Vinnie Paul, lejos de entristecernos, debería ponernos a pensar en cómo querríamos nosotros que nos recordaran cuando nos fuéramos al otro lado. ¿Lo han pensado?

Vinnie, el domingo te entierran y un ciclo se cierra. No te puedo mentir, en ese ataúd de KISS, junto a ti, también se irán muchas esperanzas y sueños. Pero, no te preocupes, aunque físicamente no estés para hacer sonar tu doble bombo como sólo tú sabías hacerlo, jamás dejaremos que tu música se extinga. Te escucharemos una y otra vez, tan encabronadamente como querrías que lo hiciéramos y te evocaremos siempre, porque, Vinnie, Pantera y tú son parte de nosotros.

Y tú, ¿qué hacías cuando te enteraste de la muerte de Vinnie Paul?

Quiero agradecer especialmente a Samuel por sus palabras y a Eduardo por su llamada aquella noche que tanto necesitaba consuelo.

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