¿Cuántas veces lo he leído en los últimos 4 días? Lo tenía pinches todo, qué pendejo’, ‘Qué cobarde, ¿cómo puede dejar a seis hijos?’, ‘O sea, la depresión si es cabrona pero que no mame’, hasta la opinión de Brian ‘Head’ Welch, que causó revuelo y, aunque me da a entender que lo entiende porque pasó por ello, creo que es por su facha ‘cristiana’ que tiene que mantener ese discurso de ‘cero tolerancia al suicidio’.

No iba a es­cribir al respecto, pero al final lo hice porque es un caso especial y la gente parece seguir sin entender que Chester Bennington no se dio por vencido. Estoy segura de que él luchó, porque la gente con depresión lucha, aunque a veces pierda el sentido y deje de saber por qué. Él luchó por mantenerse en la superficie a pesar de que algo en el abismo, bajo sus pies, trataba de hundirlo; y fue más fuerte que él, al final perdió la batalla.

Puede sonar ilógico, pero cuando uno tiene depresión siente como si no tuviera nada; uno recuerda haber tenido algo, haber sido feliz, pero de un día para otro todo puede cambiar al grado de mirarte en el espejo y no reconocerte.

Antes de que me digan “¡PEROESQUE CHESTER FUE ASESINADO!” Nel, tengan, el Daily Mirror ya lo desmintió.

Chester Bennington fue un vocero para los de mi generación –millennials, if you will-. Su voz llegó a los desadaptados, a aquellos que han sufrido la muerte, la violencia intrafamiliar, el abandono y por supuesto la depresión y la ansiedad. Incluso hay un movimiento en Twitter que se llama #ChesterSavedMe y es bellísimo.

Si analizan las líricas del Hybrid Theory y del Meteora se darán cuenta de ello. Justo como Chris Cornell para la generación pasada y así sucesivamente. Si ellos supieron decirnos las palabras adecuadas, ¿por qué nos sorprende que ellos se hayan sentido como nosotros, que se hayan deprimido?

Lo triste, más bien, es que ellos no tuvieran quien les cantara, para salvarlos como ellos a nosotros. 

¿Cómo sé esto? Conozco perfectamente la depresión, he lidiado con ella varios años de mi vida. Aunque cada persona que la padece la vive distinto, hay una generalidad y es la que nos une a todos: sin importar las condiciones en las que vivamos, cuánto ganemos, nuestro estado civil, etc., siempre nos sentimos insuficientes.

Neil Jameson escribió algo muy cierto en su columna del 20 de julio en Decibel Magazine:

“Burlarse de la depresión parece ser algo apropiado en este clima ‘sensible’ de hoy, puesto que los enfermos mentales aún no han hecho una puta marcha, probablemente porque estamos demasiado deprimidos como para salir de la casa. Tal vez los trágicamente estúpidos piensan que es algo que podemos simplemente desaparecer, o que es una mierda inventada ya que es una aflicción invisible”

La depresión es un mal muy común –aunque menos común que la estupidez- y sigue dándonos pena hablar de ello. ¿Por qué? Lastimosamente nos educaron para estigmatizar las enfermedades mentales y al ‘enfermo’ mental, peor aún.

Si de algo me han servido las muertes de ciertos artistas, es para darme cuenta de que la ignorancia siempre lleva la delantera. Es muy fácil opinar sobre algo que uno no conoce basándose en las creencias que nos inculcan los padres –lo siento, pero así es, y lo sé porque a mí también me enseñaron que el suicidio es sinónimo de cobardía-.

Sin embargo, veo con gusto que cada vez son más los que se han manifestado a favor de INVESTIGAR antes de OPINAR. Gracias por eso.

Aunque los imbéciles no dejarán de existir, creo que la muerte de Chester no puede quedarse así, debería tener un propósito: el de obligarnos a hablar de enfermedades mentales. Retomando el punto de Jameson, muchas enfermedades en el mundo tienen voceros; desgraciadamente hay pocos para hablar de depresión porque muchos no la libran. Y es triste porque los que padecemos esto sabemos cuánto ayuda saber que hay más personas como nosotros –eso que unía a Cornell y Bennington-.

Por eso creo que los que hemos pasado por ello, tenemos que hablar. Yo sé que puede parecer inútil, pero poco a poco podemos ir liberando a nuestra enfermedad del estigma. Porque la depresión, cuando se trata adecuadamente, nos enseña muchas cosas sobre nosotros mismos.

Para culminar, tres datos:

Para el hater: “… no se trata de sólo echarle ganas, son disfunciones que la persona no puede controlar por sí sola”.

Para quien tiene depresión, ansiedad, se ha topado con ‘psicólogos’ charlatanes y busca tratamiento de calidad: El Instituto Nacional de Psiquiatría, ellos han hecho mucho por mí.

Y recuerda, no estás solo. We’re all in this together, como dice la rola de Apoptygma Berzerk.

Para el que quiere saber más: The Mighty, un sitio que recolecta las experiencias de personas que viven con ciertas enfermedades o ‘discapacidades’ –incluyendo las relativas a esta publicación-, directa o indirectamente, y siguen viendo el lado bueno de la vida.

Espero que este post sirva de algo a alguien. Mientras tanto, que siga el flow…