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Brujeria en El Telon Ecatepec 2017 Brujeria en El Telon Ecatepec 2017

Reseñas de Eventos

Fuck you, Trump! BRUJERIA enciende El Telón en Ecatepec

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De manera sorpresiva, el pasado lunes 20 de marzo tuvimos una presentación de último minuto de los macheteros más famosos del grindcore fronterizo: BRUJERIA, quienes un día antes tuvieron un exitoso show en el festival Vive Latino 2017 el cual aprovecharon para la promoción de su nuevo disco luego de 16 años, ‘Pocho Aztlán’, una severa carta de odio hacia Trump y el latente racismo en EUA. La cita se dio en El Telón Ecatepec, foro de reciente apertura ubicado a unos pasos del Río de los Remedios en Ecatepec, Edomex. Antes de presenciar el acto principal, tuvimos dos bandas mexicanas que bien vale la pena seguir.

CALENTANDO MOTORES

Sin ser metal, LAS FOKIN BICHES son una propuesta atractiva para cualquiera. Originarias de Irapuato, las chicas fusionan sonidos hard rock, punk, garage y hasta ciertos guiños al blues, dándole un aire fresco a su propuesta dentro del rock mexicano. La temática de sus letras se basan principalmente en la protesta y conciencia social, los cuáles resultan perfectos para esta difícil época. Incluso en su repertorio incluyen un cover al clásico himno de RAY CHARLES, “Hit the Road, Jack”, en un estilo inigualable.

No obstante, a pesar del esfuerzo y pasión mostrados arriba del escenario, la decepción se dio abajo entre el público, quienes denotaron su ínfima educación al proferir comentarios sexistas e intolerantes. Lástima que a estas alturas las bandas femeninas deban lidiar con esta clase de pseudo aficionados.

Nini Biche y Eri Bich. Foto: Mario Valencia.

Dztor Biche. Foto: Mario Valencia.

 

Posteriormente tuvimos a GENOCIDAS DE MYSTERIO, grupo nuevo para mis oídos. Hardcore genérico sin mucha inspiración, con tendencias a sonidos más propios del Groove Metal. Sin embargo y con esta propuesta que podría trabajarse mejor, su frontman demostró entrega y garra ante la recepción de unos asistentes desesperados por ver a los secuaces de Juan Brujo. Incluso un fan tuvo el agrado de acercarse para darles palabras de aliento. Un punto a su favor a diferencia de muchos conjuntos, es que ellos si tienen actitud… ahora falta reflejarlo en canciones más estimulantes.

Izzy Stone. Foto: Mario Valencia.

Laaxx. Foto: Mario Valencia.

EL ACTO ESTELAR: BRUJERIA

Era momento para la masacre con BRUJERIA, quienes rápidamente abrieron con tres hits que provocaron el mosh pit en todo su esplendor: “Brujerizmo”, “El desmadre” y “Colas de rata”. La ejecución fue impecable, la actitud de Juan como el amo sicario contemplando a todos los asistentes con frialdad, es una experiencia divertidísima. A Shane Embury (Hongo) le vino bien el descanso de ponerse la pañoleta y mantenerse activo con NAPALM DEATH, pues demostró un nivel tremendo tras las cuatro cuerdas, mientras que en la poderosa batería, tuvimos el honor de ser acompañados por Nicholas Barker, antiguo miembro de CRADLE OF FILTH.

Fue una noche en su mayoría de repasar los clásicos que en los 90’s los colocaron como favoritos de la gente, entre los que escuchamos “La migra”, “Seis seis seis” y “Consejos narcos”. Entre lo más actual de su material solo pudimos escuchar “Ángel de la frontera” y la nueva consentida, “Viva Presidente Trump!”. Definitivamente, una noche para recordar una gran época.

Juan Brujo. Foto: Mario Valencia.

Hongo. Foto: Mario Valencia.

Criminal. Foto: Mario Valencia.

Tristemente, el recital no se queda sin sus notas negativas. El sonido con las tres agrupaciones sufrió demasiado: fallas con los micrófonos, problemas con las conexiones a la consola, saturaciones, etc.… Otro momento desagradable fue el retraso de más de una hora para comenzar, al parecer provocado por cuestiones de logística entre los teloneros y el equipo a utilizar para cada acto. Siendo honestos, Ecatepec no es una zona donde podemos darnos el lujo de movilizarnos tan tarde como para esperar retrasos. Como siempre: una mejor organización y técnicos o ingenieros capacitados, harían la diferencia. Aplausos en cambio para sus elementos de seguridad, siempre atentos a cada movimiento y algo que jamás había visto: conocían la música.

Fotógrafo, locutor y escritor. Amante de la música y el cine. Programador del Macabro FICH y periodista porque así quiso la vida.

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Reseñas de Eventos

El fin (o el sueño que teníamos cuando jóvenes)

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Había dos opciones para amanecer al día siguiente con dolor de cuello. La primera era mirar el concierto a la distancia, con la cabeza levantada, parado de puntitas, para alcanzar a ver. La otra era clavarse a empujones hacia el centro del escenario, romperse la madre en el slam y luego matear enfurecidamente con el resto de los asistentes. La primera opción parecía ser la más apropiada para mi edad, no cabía la menor duda, uno ya no está para estos trotes, pero opté por la segunda.

Antes de hacerlo debo contar que por un momento pensé que había extraviado el boleto que con mucha antelación había comprado con mis amigos. Y antes de llamarle por teléfono a uno de ellos (una opción, llamar por teléfono, que siempre tendré por última) tuve una pequeña crisis. Una crisis que se sumó a otra, esta última repleta de melancolía. Lo bueno fue que la primera crisis la superé fácil: en efecto, uno de ellos tenía el boleto. La segunda se complicó un poco.

Y es que me puse a recordar la ocasión anterior que vi a In Flames. (No recordaba, además, si era la segunda o la tercera vez que los veía). Pero esa vez anterior, que creo fue en 2012, en el Circo Volador, también tuve una crisis (sí, así me la vivo, de una en otra). Solo que esa fue más seria: me estaba yendo de la chingada en la chamba que recién había conseguido. Ya sabes, el trabajo que siempre quisiste de pronto se vuelve el que jamás habrías aceptado. Recuerdo que el recinto estaba hasta cierto punto vacío. Y que fue un martes. Creo saberlo (no me fio de mi pésima memoria) porque era entre semana y el estrés godinezco me tenía al borde de un derrame cerebral o algo así. Eso sentía. E In Flames me alivió el alma. Fue un concierto memorable porque sonó tremendo, y por otras razones por las que ya no vale la pena escribir una sola línea.

Recién había salido su álbum Sounds of a playground fading, que aún disfruto, casi tanto como disfruté su siguiente trabajo, el Siren charms. Y casi tanto como NO (así, en mayúsculas y negritas) disfruté de su último cd, cuyo nombre se me escapa…Ah, sí, el Battles, y que escucho al momento de teclear estas líneas.

En aquel concierto In Flames seguían siendo los mismos sujetos que componían la banda desde principios del siglo XXI: Anders Fridén, Björn Gelotte, Peter Iwers y Daniel Svensson. Pero esta ocasión, en el Pabellón Cuervo (un pedazo de estacionamiento del Foro Sol cubierto por láminas al que nunca había ido y que me dejó la impresión de pretender ser underground a pesar de su visible origen mainstream), solo estaban Fridén y Gelotte en el escenario. Y de verdad que no deseo ser purista (solo melancólico), pero hay algo en la mística de una banda que se pierde, quiero decir que cambia, conforme salen y entran integrantes. Es natural, sin duda, y no sé, siento que algo de eso pasa ahora en In Flames y que se refleja en su último material, a pesar de que jamás les he reprochado los cambios de dirección que han tomado justo desde esa época que señalo líneas arriba, y, al contrario, los he aplaudido.

Salvo en Battles.

Porque de plano me parece muy plano (valga la redundancia). No es lo fresa lo que me molesta, no, porque se puede ser fresa pero profundo (¿no?). Y eso mismo pasa a la inversa: hay brutalidadplana, superficial, y la hay una un poco más seria, más profunda: hay discos atascadísimos que parecieran haber sido compuestos por el mismísimo Lucifer, y otros que parecieran compuestos por mí durante media hora en el baño.

En este punto debo recurrir al lugar común de comparar a In Flames con Dark Tranquillity: las últimas producciones de los segundos van, desde mi punto de vista, a mejor (y si esto fuera una gráfica, las líneas se cruzarían: antes me gustaba más In Flames que Dark Tranquillity, pero ahora es al revés). Puede que también sean más fresas, pero cuando se trata de meterle pata lo hacen, cuando se trata de desangrarte también (aquí acaba la comparación.)

Rescato aquello del desangre. Si algo me gusta de In Flames es esa capacidad que tienen de llegarle a los que estamos permanentemente en crisis. Alguna vez pensé, incluso, que si tuviera que suicidarme lo haría al compás de esta canción, que es de verdad oscura, que de verdad escarba en los dolores del alma.

Y la vez pasada (en la que pude ver sin problemas desde lejos a la banda gracias a la disposición del escenario del Volador), como en esta, ver a Fridén con su gorra de beisbolista y su barba pronunciada la alivió por un instante. A mi alma.

En fin, ¿quién soy yo para teorizar sobre todo esto cuando en efecto solo soy un chaparro infeliz que apenas y alcanza a ver en los conciertos?

—Si quieres te cargo —me dijo.
A ella literalmente le cambié los pañales. Venía acompañada de su hermano el millonario, quien es mi amigo desde entonces.
—Me aguantas sin bronca —le dije.
Tenía un rato que no la veía. Y, como cada que vuelvo a verla, le dije que bien podríamos matrimoniarnos o algo.
Ella me dijo:
—Eso me dices desde que tengo dieciocho.
—Hagámoslo ya.
—Pero tendrías que divorciarte de mi hermano.

Aquel hombre (su hermano), un tipo grande, fornido, también tenía sus complicaciones para mirar hacia el escenario en el que ya tocaba Strike Master (Y aquí debo hablar rápidamente del telonero: disfruto con Strike, me parecen una gran banda, pero no mamar que eran los teloneros de este concierto, ¿a quién chingados se le ocurrió?)

—¿Qué es allá arriba? —me preguntó mi amigo-esposo millonario, quien iba acompañado por su verdadera esposa.
—Supongo que es un VIP para quien compre un frasco —le dije, lamentando un poco mi sobriedad.

Fue que este hombre fornido le preguntó a uno de esos intrépidos vendedores que van gritando cerveza, cerveza dentro del slam cuánto costaba ingresar ahí.

—1700 —dijo. Éramos varios y aquella se mostraba como una posibilidad muy cara pero adecuada para individuos que hace ya tiempo dejaron atrás sus años más intrépidos.

Mirando hacia el escenario, con la cabeza levantada y casi de puntitas todo el tiempo, pensé que a pesar de tener a mi siempre posible esposa a mis espaldas, manoséandome, no iba a disfrutar del todo de este show.

—Aguantemos —le dije, y fue que conversamos un poco más sobre algunas otras cosas que son todavía más irrelevantes que todo esto que he escrito.
—Vas a ver que ahorita que empiece la gente se va a juntar y podremos ver mejor —le dijo a su esposa este hombre millonario, y así fue: no pasó mucho tiempo para que de pronto se apagaran las luces y la gente empezara a arremolinarse contra los que estaban hasta adelante.

Para que el concierto iniciara con una canción desconocida para mí porque es del nuevo disco. Bueno, alcancé a identificarla porque sí le di varias oídas al Battles, pero como ya dije nomás no hicimos click (aunque en este momento está entrando mejor; suele pasarme: una vez escuchado el material en vivo lo aprecio más en estudio). Frente a mí unos individuos bailaban aquella pieza como si estuvieran en un antro disfrutando de cualquier DJ. Lo cual no está mal, pues. Pensé que algo tenía que estar haciendo bien el metal para acercar a ese público a sus conciertos. Aunque habrá quien dirá que precisamente eso es lo malo, pero de verdad fue chingón ver a aquel hombre moverse de ese modo al ritmo de “Drained”. En general la gente a la redonda cabeceaba a toda madre, o movía las piernas, la cadera, los brazos, disfrutando; o había quien solo se limitaba a observar, como si se tratase de un concierto llevado a cabo en algún país civilizado de Europa (lo digo como si hubiese estado en tales circunstancias).

A “Drained” le siguió “Before I Fall”, también del segundo disco, y el baile continuó.

Foto: Alejandro Arnaíz.

Luego vino “Everything’s gone”, del Siren, pero al principio no la reconocí. (A propósito, aquí hablaré del sonido, que en general estuvo madreado. Excedidamente grave, las guitarras y la voz casi no se alcanzaban a distinguir. Ni ahí atrás donde estuve hasta el momento en que tocaron “Take this life”, ni hacia adelante.)

Oh, sí, T A K E  T H I S  L I F E.

Pinche trallazo chingón al que le debo todo.

Porque aquí saqué a relucir todos mis años de experiencia en conciertos (aprovechando mi diminuta estatura y mis inflados músculos) para apantallar a la mujer que me abrazaba muy deliciosamente por la espalda.

Quien abrió el camino fue uno de esos vendedores de chelas que también ya mencioné previamente y que son capaces de sujetar una charola llena entre un mar de individuos que se empujan sudorosos y salir con su chalequito intacto. Pasé por la espalda de uno de ellos para escabullirme por el camino que había dejado tras de sí al ritmo del velocísimo tupa tupa de esa canción abridora de aquella joya de disco llamado Come clarity.

De pronto, detrás de mí, ya iba la esposa de mi esposo millonario, viejo amigo de la niñez, y, detrás de ella, su esposo (mi esposo) millonario, y detrás de él su hermana, la mujer a la que le cambié los pañales y que también puede ser mi esposa en cualquier momento, y detrás de ella otro carnal que a veces es una rata y que ya le estaba aventando el mueble a ella, mi futura esposa, es decir, la hermana de mi esposo el millonario. Y detrás de él otros amigos.

Más o menos así fue.

Y de pronto, tras un esfuerzo medio descomunal por parte de quien esto escribe, ya estábamos todos a tres o cuatro personas del escenario.

Desde ahí se veía bien, y había ráfagas de aire fresco, aunque la marea de gente era tan violenta como es la marea de gente en cualquier concierto si se está por esa zona: al centro del escenario, a tres o cuatro personas de la valla.

Tenía mucho tiempo que no gastaba tanta energía: para “Only for the weak” ya me estaba desmayando (como me ha pasado también en otras ocasiones, el casi desmayarme, lo cual se lo atribuyo a mi ruquez), e iba a honrar el título de esta canción a no ser porque me recargué en un par de individuos que estaban frente a mí, cada uno cuidando rabiosamente de sus respectivas novias (¿o hermanas?).

—Me gustaría tener la mata así de corta —me dijo un matudo de verdad cuando me vio retomar el headbanging—. Así (y señaló su coleta larguísima) ni se puede matear.

En general ahí no se podía matear, le dije.

Entre los despreciables que codean al resto y que se emputan por proteger a las chavas que no necesitan su protección (ellas pueden solas), y entre la gente que no comprende que así es un concierto de metal (en el que a veces uno recibe contacto humano), era un poco difícil matear, saltar, slamear.

Sin embargo lo hice.

Un espíritu chocarrero me poseyó y mi deseo fue entonces el de violentar a estos personajes que parecían estar presenciando no un concierto metalero sino un concierto de Flans. (Vaya, pero si no había problema con eso, ¿no? ¿Quién me entiende? Ya: atrás se vale bailar suave, adelante hay que echarle galleta…) Porque si bien no estábamos viendo a Cannibal Corpse, In Flames ejecutó un set list por demás variado (con material principalmente de las últimas dos décadas -o del Battles– y un momento álgido de calma con “Moonshield”) aventándose trallazos poderosos como “Dead Alone” o “Drifter” que invitaban al mateo intenso que de pronto se diluyó.

Así pasaron las rolas y entonces Anders agradeció a su público. Se tomó su tiempo, le prendieron la luz. Aquella era una balada chingona entre él y nosotros en la que luego sonó “Alias”. Y luego esta que dice we are, we are, también del nuevo disco, que no me disgusta del todo y que me recuerda a 30 seconds to Mars.

Luego sonó la sabrosísima “The quiet place”. Ahí sí todos saltamos otra vez.

Y luego todo acabó.

Convenientemente, con la canción “The End”.

“…When we were young, was this the dream we had?”, dice la letra en alguna parte, y yo convenientemente la pongo aquí.

Foto: Alejandro Arnaíz.

Las luces iluminaron ahora a los asistentes, quienes se mostraron un tanto escépticos y deslumbrados, y la banda regaló plumillas y baquetas y lanzaron abrazos y manoteos de despedida. No, no se sintieron las 19 canciones que tocaron (y aunque no lo parezca, demoré más escribiendo esto -con intenso dolor de cuello a pesar de que ya pasaron dos días- que lo que duró el concierto).

La gente pidió otra, pero no ocurrió.

Y me alegré: qué chido fue ver a In Flames, a Anders, a Björn, junto con mis amigos, de forma tan frontal, cruda, directa y sin florituras. O encores.

Luego giré el cuerpo y ahí estaba ella. Me abrazó.

—Qué gusto me da volver a verte —dijo, y yo la tomé por la cintura porque ella es muy alta.

Conforme salía la gente parecía como si se hubiera abarrotado el lugar. Quizá así fue.

Una vez afuera me despedí cordialmente. De ella, de todos.

—Cuídate —le dije y corrí hacia el metro. Hubo un momento en mi trotar en que un calambre me detuvo en seco.

—Maldito anciano —pensé, y mejor opté por caminar.

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Metal Mexicano

¡Ondeando la bandera del metal con Renascentia Go Ahead Circus!

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El pasado 22 de octubre, la organización Renascentia: A New Beginning, misma que busca dignificar y elevar los estándares de la escena del metal mexicano, dio su primer gran paso al ofrecer un digno evento en Circo Volador, máxima sede en México para todo amante del género.

Recordemos que “Renascentia Go Ahead Circus” fue pospuesto debido al sismo que azotó la Ciudad de México el pasado 19 de septiembre, por lo que la cita con S7N, TULKAS, KOLTDOWN, ANIMA TEMPO y NUCLEAR CHAOS se llevó a cabo un mes después, y aunque ya no contó con la participación de JET JAGUAR por razones de logística, se mantuvo el bazar de bandas que son parte de la familia Renascentia, quienes expusieron sus videoclips en una pantalla aledaña al escenario, así como ofrecieron a la venta su mercancía oficial ante una audiencia bastante considerable para un concierto nacional en domingo.

NUCLEAR CHAOS

Luego de una demora de casi dos horas (el inicio estaba pactado a las 4:30 pm), los encargados de abrir la fiesta fueron Nuclear Chaos, quienes gracias a su propuesta fresca de death metal melódico, levantaron los ánimos de un público que ya se encontraba ansioso. Con algunos temas de sus producciones anteriores, incluido su éxito “Evolution” (el cual provocó un Wall Of Death muy energético) así como el estreno en vivo de “Mi Guerra” y “Remain in the Darkness”, la banda dejó en claro que es una de las mejores agrupaciones de esta nueva generación. Mención aparte merece su vocalista Anuar Solís, quien demuestra estar en vías de ser un estupendo frontman.

Anuar Solís (voz), Nuclear Chaos. Foto: Mario Valencia.

Lou Alpízar (bajo), Nuclear Chaos. Foto: Mario Valencia.

 

ANIMA TEMPO

Continuó el poder progresivo de Anima Tempo, quienes contagiaron al público con su gran técnica y pasajes eclécticos  contenidos en temas de su disco debut ‘Caged In Memories’, tales como “Art Of Deception”, “Cellophane Eyes”, “Confessions” y “Last Awakening”. Ellos son otro claro ejemplo de evolución constante, pues a comparación de la última vez que los ví a mediados de año, su show es cada vez mejor, incluida la interacción con el público.  Anima Tempo se encuentran en medio de su “Caged in Mexico Tour” y próximamente representarán a nuestro país en una gira por Costa Rica.

Dante Granados (guitarra líder), Anima Tempo. Foto: Mario Valencia.

Daniel González (segunda voz), Anima Tempo. Foto: Mario Valencia.

 

KOLTDOWN

Por mucho, uno de los mejores actos de la velada fue Koltdown, hipnóticos en sus líneas de bajo brutales (su mejor elemento, por cierto) y una actitud contundente que hacen la mezcla perfecta con su groove metal potente y sin reparo. Con temas de su primer álbum ‘Truth Becomes’ así como un par de su más reciente placa titulada ‘Rising’, la banda se entregó en cuerpo y alma al público que respondió con mosh pit y circle pit en un Circo Volador en el que se respiraba un ambiente sinigual. Para el cierre, Atreyu invitó al escenario a Paco Lorenzana, destacado guitarrista mexicano quien nos dejó con la incógnita si se tratará del reemplazo de Héctor, a quien definitivamente se le extrañará en la alineación. Koltdown dejó el escenario ardiendo y listo para el siguiente acto.

Atreyu (voz), Koltdown. Foto: Mario Valencia.

Vrash (bajo), Koltdown. Foto: Mario Valencia.

 

TULKAS

La velada llegó a su punto de ebullición con el circle pit intenso que provocó Tulkas al interpretar los mejores temas de su producción “Freedom Thoughts” así como el estreno en vivo de “Legion of Bastards”, primer sencillo que se desprende de su segundo disco de mismo nombre el cual estará disponible el próximo año. La intensidad de su música devolvió de manera inmediata el vigor a los asistentes, quienes no pararon ni un solo momento ante la entrega poderosa de un thrash metal de alcurnia, cortesía de los queretanos. Sin embargo, el set se sintió demasiado breve quizá por la presión del tiempo.

Javier “Trapos” (voz), Tulkas. Foto: Mario Valencia.

José Chávez (Guitarra), Tulkas. Foto: Mario Valencia.

 

S7N

Para cerrar, tuvimos a los favoritos de los fans: Los citadinos S7N, banda ya consolidada como una de las mejores agrupaciones de la escena actual que ha crecido de manera exponencial en los últimos dos años. Lamentablemente, el arranque de su show estuvo opacado por la ausencia de voz de Mao debido a la falla de su micrófono. Poco a poco fueron recuperándose y escuchamos canciones como “Enemies”, la ya clásica “Blackout” y algo más reciente como “Bomb Maker”.

A la mitad del show y con los ánimos a todo su esplendor, de nueva cuenta el fantasma de las fallas se hizo presente, jugándole una jugarreta a Mao con su guitarra de la cual tuvo que despojarse para enfocarse 100% a la voz, dando como resultado una primicia muy particular ya que quizá fue la primera vez que lo vimos sin su segundo instrumento. Fuera de eso, la banda se entregó por completo y se les notó bastante entusiasmados arriba del escenario.

Mao (voz, guitarra), S7N. Foto: Mario Valencia.

Israel (guitarra), S7N. Foto: Mario Valencia.

 

El cierre fue inolvidable, pues varios miembros de los grupos participantes subieron al escenario para interpretar tres temas clásicos y emblemáticos: “Holy Diver” (Dio), “Walk” (Pantera) y “Master of Puppets” (Metallica), con los cuáles dieron por terminado uno de los mejores eventos nacionales que hemos presenciado en Circo Volador y en lo que va del año.

 

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AFTERMOVIE

CRÍTICA

“Go Ahead Circus” resulta una excelente iniciativa que debe mejorar ciertos aspectos. El primero y el cual es el mal que aqueja siempre a la escena, que es la puntualidad. ¡Deben respetarse los horarios! Otro es ser más cuidadosos en el apartado sonoro. Todos los actos sufrieron por la saturación del bajo o de la distorsión en guitarras, así como fallas con micrófonos; por favor ingenieros, no les vendría tomarse con más aplomo estos eventos.

Dos aspectos a destacar fueron la convivencia y camaredería que se respiraron a flor de piel entre todas las bandas participantes, al igual que la presencia y participación de las bandas expositoras que en todo momento apoyaron a sus colegas arriba de la tarima, a quienes esperamos ver pronto en el mismo escenario. También vale la pena destacar la amplia cobertura de diversos medios que se dieron cita puntual para realizar su trabajo. Rara vez se ve algo similar en los eventos que comúnmente presenciamos cada fin de semana. Sin duda un punto a favor de Renascentia que logró el cometido.

Finalmente, algo digno de reflexionar es sobre la curaduría de bandas. Sí, crearon un cartel con grandes exponentes, pero la mitad ya la hemos visto en funciones previas de Renascentia. Si el objetivo es dar a conocer más talento, considero propicio dar el espacio a bandas que no hayan tenido la oportunidad.

El próximo concierto producido por Renascentia será el sábado 18 de noviembre en la Explanada de la Delegación Iztacalco, con las actuaciones de Thrashsteel, War Kabinett, Acrania y The Moniac Sound-Maker, entrada libre. ¡No se lo pierdan!

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